Por Fernando Despradel
Décadas atrás las principales empresas licoreras y cigarrilleras del país, conjuntamente con un grupo representativo de instituciones públicas empeñaban sus mejores esfuerzos en publicitar en todos los periódicos del país imágenes representativas a la gran epopeya de La Restauración, igual sucedía para la conmemoración de la Independencia patria.
Eran verdaderas obras de arte los avisos publicitarios que incluían escenas de cañones y de soldados enfrascados en empecinada lucha cuerpo a cuerpo y las llamas de la hidalga ciudad de Santiago.
Los rostros de los héroes de este acontecimiento determinante para garantizar la existencia de una patria, amenazada constantemente por las fuerzas hostiles de un vecino, que se creyó siempre superior y dominante.
Una fecha tan representativa en el pasado, los historiadores y estrategas militares eran demandados por los principales programas radiales y televisivos.
Brillaron por su ausencia, como si la admiración y recreación de este evento repleto de valentía y sapiencia de los héroes de la Restauración hubiera pasado de moda.
Particularmente considero que desde el liderazgo político el "orgullo patrio" deberá ser objeto de recordación y veneración de las nuevas generaciones.
Después nos quejamos de una sociedad carente de valores, de ídolos de barros y de una nueva camada estudiantil, que apenas conoce sobre Duarte, Sánchez y Mella.
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