Por Nelson Marte
Otra figura importante del peledeísmo en la JCE fue la señora Ruth Lizardo, influyente dirigenta del PLD, colocada como directora de Recursos Humanos, lo que permitió a ese partido reclutar y designar a las personas que integraban todo el tren burocrático, técnico y administrativo de la entidad.
El control omnímodo que tuvo el PLD sobre la JCE le permitió manejar a su conveniencia todo el curso de la organización y el flujo de emisión y escrutinio de los votos que concluían en los resultados de las elecciones.
Acostumbrados a ser ley, batuta y Constitución en la JCE, hoy se resisten a aceptar una directiva que no está a su servicio, aunque de ningún otro partido, sólo al servicio de lo que dicta la normativa y el mandato constitucional que la obliga a organizar elecciones libres, justas, transparentes y objetivas, sin la influencia de “la mano larga” que en su tiempo denunciaba el licenciado Hatuey Decamps.
Hoy, cuando la JCE refuerza la legitimidad, el orden y el espíritu democrático e institucional con que se deben establecer límites los partidos, por ejemplo a las reservas de alianzas de candidaturas, que son igual para todos, el tándem PLD-FUPU, y sus alicates y bocinas, alegan que para ellos lo igual es desventaja.
El tratamiento es igual para todos, pero a ellos no les cuadra, porque se acostumbraron a jugar con trampa, a actuar con la sumisión de funcionarios que a todos los niveles de la JCE eran nombrados y dirigidos por ellos.
Ahora hablan de crisis electoral, vuelven a insinuar crisis de gobernabilidad, que como se denunciara financian y atizan tras bastidores.
Hoy, por sus actuaciones institucionales y por su equilibrio democrático, la JCE ha sabido ganarse el respeto de la sociedad.
El PLD y la FUPU montan una ofensiva acusando a la JCE de actuar con parcialidad política y en favor del partido de gobierno.
Ya antes acusaron al ministerio Público de persecución política, y ya hemos visto a sus dirigentes imputados por corrupción devolviendo dinero sustraído al estado, admitiendo su culpabilidad en los delitos que se le atribuyen y delatándose unos con otros.
Asisten al derrumbe del castillo de naipes marcados con que impusieron el juego que les permitió ejercer 20 años de desgobierno en base a trampas y engaños.
Ni la JCE ni la sociedad deben dejarse chantajear por quienes, ya se demostró en sus guerritas contra el ministerio Público independiente, no son tan fieros leones como se pintan.
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