República Dominicana lidera la región en transferencias monetarias, pero ocupa los últimos lugares en inversión estructural.
Por William Perdomo ✓
La paradoja es tan evidente como reveladora. Mientras padres de familia denuncian públicamente la falta de cupos para sus hijos en las escuelas, el Gobierno celebra con gran despliegue mediático la entrega de un bono de mil pesos a 1.4 millones de estudiantes. La imagen es demoledora: un Estado que dice "no tenemos aulas suficientes, pero aquí tienen su bono".
A primera vista, la medida parece un gesto de solidaridad. Sin embargo, un análisis detallado revela una realidad distinta: el país ha sustituido las políticas públicas estructurales por clientelismo electoral, y la planificación a largo plazo por la improvisación de corto alcance.
Los números que no engañan
Un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicado en mayo de 2025, expone cifras que invitan a la reflexión. El 40% de la población dominicana recibe algún tipo de beneficio estatal, principalmente transferencias monetarias. Esta cobertura coloca a República Dominicana entre los países con mayor distribución de ayudas en toda América Latina, triplicando el porcentaje de Argentina.
El problema fundamental radica en que, al mismo tiempo, el país figura entre las naciones que menos invierten en infraestructura de la región. Una ecuación que materializa a la perfección lo que el presidente argentino Javier Milei describe como "pan para hoy y hambre para mañana".
La deficiencia de este modelo se agrava por el pésimo diseño de los programas en términos de focalización. Apenas el 15% de las transferencias llega a los hogares en situación de pobreza extrema, cuando el promedio latinoamericano alcanza el 31% —más del doble—. Paradójicamente, casi el 20% de las transferencias se desvía hacia personas de clase media alta y alta, convirtiendo al país en uno de los que peor desempeño muestra en focalización de ayudas sociales.
La conclusión es ineludible: no solo se distribuye mucho dinero, sino que se distribuye mal.
La estrategia del "poquito para muchos"
Ante la limitación presupuestaria, la estrategia gubernamental ha consistido en "dar poquito a muchos". El informe del BID señala que, mientras en América Latina el monto promedio de las transferencias alcanza los 62 dólares mensuales (ajustados por paridad de poder de compra), en República Dominicana apenas llega a 31 dólares.
En términos concretos, la ayuda es tan reducida que resulta incapaz de generar transformaciones reales en la vida de las personas. ¿Puede realmente una madre soltera con dos o tres hijos superar la pobreza porque en mayo y diciembre reciba 1,500 pesos? La evidencia sugiere que nadie progresa con parches tan limitados.
Los propios datos gubernamentales resultan demoledores.
Según el extinto Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo, durante 2024 todas las transferencias del Gobierno lograron sacar de la pobreza a apenas 182,901 personas. Esta cifra contrasta dramáticamente con los más de 1.5 millones de dominicanos inscritos en programas de ayuda estatal.
Transferencias bien diseñadas: una aclaración necesaria
Es importante precisar que las transferencias monetarias no son inherentemente negativas. De hecho, cuando están bien diseñadas y correctamente focalizadas, pueden convertirse en una de las herramientas más efectivas para proteger a los sectores más vulnerables y reducir las desigualdades.
El desafío radica en el concepto "bien diseñadas". Primero, deben dirigirse exclusivamente a quienes verdaderamente lo necesitan. Segundo, deben complementarse con políticas que aborden las causas estructurales de la pobreza, no solo sus síntomas superficiales.
El modelo que sí funciona
¿Qué pasaría si, en lugar de distribuir bonos indiscriminadamente, se invirtiera en políticas públicas e infraestructura que crearan las condiciones para que las personas puedan progresar por sí mismas, mientras se protege a los más vulnerables?
El sector educativo es un claro ejemplo del desenfoque gubernamental. El Ministerio de Educación destinará 1,400 millones de pesos al "bono de mil pesos" para estudiantes de escuelas públicas, mientras miles de padres no encuentran dónde inscribir a sus hijos por falta de aulas. Ser el Gobierno que más dinero distribuye a estudiantes y, al mismo tiempo, el que menos invierte en infraestructura educativa, difícilmente constituye un logro del cual enorgullecerse.
¿De qué sirve entregar 1,000 pesos a un estudiante si ese mismo estudiante carece de un aula digna, un maestro bien formado o un director adecuadamente capacitado?
Las políticas de apoyo a la mujer dominicana ofrecen otro ejemplo. En lugar de distribuir dinero a millones de madres cada mayo, resultaría mucho más efectivo construir estancias infantiles que les permitan trabajar con tranquilidad. Además, el bienestar femenino mejoraría sustancialmente fortaleciendo la atención primaria en salud y el cuidado pre y postnatal, reduciendo la alarmante mortalidad materna que registra el país.
Ningún bono puede sustituir la salud pública de calidad ni la oportunidad de encontrar empleo sin descuidar a los hijos. Esa es la diferencia fundamental entre las políticas de dependencia y las políticas de desarrollo.
Desarrollo versus dependencia: una elección definitoria
Un país no progresa distribuyendo bonos. Progresa cuando invierte en infraestructura, en servicios públicos de calidad, en políticas que fortalezcan las capacidades ciudadanas para salir adelante por sí mismas, y cuando focaliza las ayudas económicas exclusivamente en las familias que de verdad lo necesitan.
En República Dominicana, el Gobierno está confundiendo desarrollo con dependencia. El resultado es un país que gasta miles de millones en subsidios que alivian momentáneamente los síntomas, pero que descuida sistemáticamente la inversión pública y las políticas de desarrollo que permitirían a los dominicanos vivir con dignidad, sin depender de dádivas políticas.
La disyuntiva es clara: ¿continuar por el sendero de la dependencia asistencialista o apostar por el desarrollo estructural? El futuro del país depende de esta elección.
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